Por Daniela Stella
La literatura es
arte. Cuando ese arte se fusiona con otro se genera una nueva mirada. A través
de los años el cine ha producido diferentes films que fusionan el arte
literario con el audio-visual. Ya no es el lector frente a un libro
reproduciendo en su mente las distintas imágenes que se forman en ella al
introducirse en un texto. Hay algo más… hay una máquina, un distanciamiento
nuevo.
Este
distanciamiento es producto de la mirada de alguien más, a través de algo más.
Directores, guionistas, productores, camarógrafos, etc., se encargan de dar un
nuevo tinte a la historia que un imagino al momento de enfrascarse con un
libro. Al leer creamos mundos nuevos, sonidos y aromas únicos, diseñamos a los
protagonistas según nuestras propias realidades. Los colores son más brillantes
u opacos… pero del tono que nosotros mismos los pensamos. Y de pronto, toda esa
realidad que generamos se encuentra coartada por el cine.
Ahí están esos
actores, que la mayoría de las veces poco se parecen a los que ideamos. El
sonido ambiente no se condice con lo que esperábamos, los colores dejaron de
ser tan brillantes u opacos… y cuando comienzan los diálogos y no se respetan
al pie de la letra, tenemos la impulsiva necesidad de irnos inmediatamente de
la sala de cine. Nos indignamos. “No, no… no. Nada que ver con el libro”. “El
libro siempre es mejor”. “Por eso no veo películas si ya leí el libro”.
Olvidamos que el cine es otro tipo de arte. Que la intimidad que tuvimos con el
libro ahora esta filtrada por la mirada (y las necesidades) de la industria
cinematográfica.
Para aquellos
que se tomen el tiempo de ver Eréndira, les advierto, los peces de colores no
son tantos… la abuela no es tan gorda… y hay menos diamantes de los que uno se
imaginaba en esas naranjas. Con respecto al resto, tenemos muy buenas
actuaciones, especialmente la de Irene Papas, quien con magnificencia
interpreta a una abuela despiadada. La joven Claudia Ohana encarna a nuestra
desdichada Eréndira, y si por un momento dejamos de lado nuestra propia imagen
de Eréndira y nos perdemos en sus oscuros y expresivos ojos, sufrimos junta a
ella. Es una película muy bien lograda, y puede que la respuesta a ello sea
porque el mismo Gabriel García Márquez llevo a cabo el guion.
Uno de los
componentes importantes en toda realización fílmica es sin dudas el guion.
Puede ser adaptado u original. En este caso la adaptación no fue tan brusca,
porque es el mismo escritor quien se hizo cargo de ella. Así que los
aficionados al Realismo Mágico pueden respirar más tranquilamente si tienen en
cuenta que Gabo puso su ojo en todo lo que creaba el director.
Luego de unos
pocos minutos el espectador siente el mismo nudo en el estómago ante las
palabras de la Abuela
“No te alcanzará la vida para pagarme este percance”, y conociendo de antemano
lo que sigue se relaciona y estremece ante la mirada de la joven. Sin embargo,
los efectos visuales y sonoros no logran del todo someternos a ese desierto, a
ese sofocamiento tan presente en el relato.
La película
sirve como parámetro de comparación (si es que ello estamos buscando) es una
interpretación más a los cientos de miles individuales que ya hicieron los
lectores de la obra. Debe de tenerse en cuenta, que el Realismo Mágico, es un
género que dista considerablemente con los distintos géneros literarios, y que
no es fácil plasmarlo en la pantalla. Porque evoca lugares, aromas, sonidos y
relatos que son propios de nuestro suelo Latinoamericano y que nada tienen que
ver con el resto del mundo. Los sueños, presagios, el destino arraigado a la
tierra y las costumbres… los cangrejos adentrándose en las casas después de un
temporal… todo aquello que parece extraño o fantástico para otras culturas
nosotros lo definimos como mágico … es
mágico y a la vez, real.
Es por esto
mismo, que ver en la pantalla una historia de estas características puede
decepcionarnos. Quienes consideramos a la literatura arte… y amamos leer,
tendremos que acostumbrarnos a aceptar la mirada del cine, a ser menos críticos
e interpretar a la obra desde dos conceptos diferentes sin menospreciar su
función dentro de la gama de posibilidades que existen de representarla.
Sin más que
agregar, los invitamos a ver Eréndira, realizada por Ruy Guerra y guiñada por
García Márquez, basada en el relato La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira
y su abuela desalmada, escrita por el ya mencionado escritor.


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